Estas garras, que permanecen en la ermita de Nuestra Señora de la Adrada de Otero de Herreros desde tiempo inmemorial, pertenecen a un oso que según la leyenda atacó a un leñador en sus inmediaciones. El equipo de Juan Luis Arsuaga las va a estudiar y datar, para posteriormente elaborar un informe.
Amplía esta información:
entrada recomendada: El Adelantado de Segovia
Nunca un cientifico ha quemado a un religioso por afirmar a Dios sin pruebas. Manuel Toharia.